lunes, 9 de marzo de 2009

OJOS VERDES

Existe un pueblo muy lejano en una apartada población de un país tercermundista , el cual prefiero no mencionar; en el que vivió la tía de una novia que tuve quien jura que esto realmente sucedió.

Alfredo era un muchacho como cualquier otro adolescente de 17 años de edad que en una visita al rancho de sus abuelos experimentó la experiencia más aterradora de su vida.
Llegó a l pueblo un viernes con niebla, preparándose para dos largas semanas de aburrimiento en una población alejada de la civilización, el internet , la televisión, el teléfono y lo peor de todo; sin las chicas guapas que cada fin de semana le coqueteaban en la fila de los cines de Angelópolis.
Y no es por despreciar a las chicas de pueblo, pero definitivamente no hay comparación cuando se es adicto a los pantalones entallados(que mejor si son deslavados) las botas color caqui que combinen con una bonita bolsa del mismo color; sin mencionar que Alfredo siempre fue aficionado a los ojos claros, las caras bonitas, las cabelleras largas y doradas pero sobre todo esas pequeñas naricillas que hacen que las chicas parezcan perros dálmatas.
En fin un tipo de chica que definitivamente no encontraría en este lugar.
En cuanto estuvo instalado en la que sería su habitación por el tiempo que durase la tortura decidió salir a estirar las piernas y dar una “escaneada” al lugar.
Iba caminando por la plaza principal que para variar tenía en un extremo la iglesia y por el otro la presidencia municipal, cuando decidió sentarse en una banca a tomar el fresco de la tarde fue ahí donde la vio...
Como si sintiese la mirada de el, la singular chica clavo los profundos ojos verdes en el sorprendido forastero. Ojos que contrastaban con la morena casi mulata pigmentación de su rostro, sus largas y negras trenzas caían delicadamente sobre la blusa roja de manta bordada a mano.
Sobra decir que el Don Juan capitalino se lanzó contra su “presa” en el acto atraído por alguna endemoniada necesidad, lo único que ignoraba es que la presa era él…

Jade era su nombre tenía quince años y ayudaba a sus tías en las labores propias del hogar. Tras la breve presentación pasaron las siguientes dos horas hablando de nada, finalmente ella dijo que debía marcharse, el se ofreció acompañarla hasta su casa pero ella se negó nerviosamente, sin embargo dijo: - ¿algún día me invitaras a tu casa? A lo que Alfredo contestó inmediatamente -claro , ¡cuando quieras! , -pues hazlo ; replicó ella en un tono muy sugestivo , tono que a el no le incomodó en absoluto y en tono sarcástico mencionó en ese caso te invito a mi casa esta noche, a mi habitación para ser mas preciso; Jade esbozo una macabra sonrisa le dio un beso en los labios y prometiendo verlo en sus sueños se marchó.
Alfredo volvió a la hacienda caminando “entre nubes” completamente emocionado por el beso y las insinuaciones de Jade ni siquiera se percató del penetrante olor a café y canela que invadió el ambiente.
Planeando la estrategia que utilizaría al día siguiente se quedó profundamente dormido, eran las 11:45 de la noche cuando percibió un fuerte olor a café y canela pero no le puso mucha atención, solo se paró de la cama abrió la ventana y se acostó nuevamente, en cuanto tocó la almohada un gato negro entró sigilosamente por la ventana, saltó a la cama y se posó en el pecho de Alfredo mirándolo fijamente como si quisiese robarle el aliento.
A la mañana siguiente Alfredo despertó muy cansado, casi sin fuerzas bajo al comedor pero no encontró a nadie, salió al patio pero nada el abuelo no estaba como de costumbre barriendo las hojas de los árboles, tampoco la abuela estaba en la cocina, nadie preparó el desayuno esa mañana; alarmado subió a la habitación de los abuelos donde encontró a la abuela recostada con un pésimo semblante.
-Abue, que te pasó, pregunto Alfredo, la anciana sonrió con mucho esfuerzo y dijo – nada hijo , cosas de viejos, en ese momento apareció el abuelo con el Doctor del pueblo, Alfredo y el abuelo tuvieron que salir de la habitación.
El abuelo le contó que doña Cata (la abuela) había empezado a sentirse mal después de sacar a escobazos a un gato que se encontraba en la recamara del muchacho, ella decía que esos animales son amigos de Lucifer, - ya sabes cosas de tu abuelita, puntualizo sarcástico el anciano.
Alfredo se paso todo ese día cuidando a la abuela pero al caer la tarde cedió el turno al abuelo para acudir a su encuentro con Jade la chica de los hermosos ojos verdes , la abuela al escuchar mencionar el nombre de la muchacha intentó decir algo , pero un nuevo dolor la paralizó , solo logró decir –ten cuidado... Alfredo le pidió que no hablara por sus salud , y se dirigió a cumplir con su cita.
Cuando llegó la chica se veía radiante, al verlo se colgó de su cuello y lo beso apasionadamente, Alfredo se quedo atónito pero el asunto no le incomodó, finalmente se separaron y sorpresivamente Jade anunció que debía irse no sin antes pedirle que soñara con ella a lo que el chico exclamo en un suspiro – es lo que mas deseo... y ella se sonrió y rápidamente se fue , dejando tras de si su característico olor a café y canela.
Esa noche nuevamente el gato negro hizo su aparición en el cuarto del muchacho.
Los siguientes días fueron la misma rutina , las citas exprés en la plaza y la metódica presencia del gato negro por las noches , aunado a la cada vez mas deplorable salud de la abuela. Nueve días así pasaron Alfredo adelgazó mucho se le veía demacrado, pero el no lo notaba, en nueve días parecía haber envejecido nueve años; esa tarde la abuela agonizaba y como último favor pidió a su nieto que faltara a su cita, así fue, ella le entregó a Alfredo un sobre , le pidió que lo leyera una vez que ella se fuera, a la mañana siguiente la abuela murió. Durante el velorio a nadie , mas que al abuelo, llamó la atención la presencia del gato negro en el quicio de la puerta parecía como si observara , y disfrutara, de la escena , cuando abrieron el ataúd para darle el último adiós, el gato salto enfurecido y comenzó a desgarrar el cuerpo Alfredo corrió; al tomar al gato entre sus manos se horrorizó al ver unos profundos ojos verdes , que aunque el no quería aceptar ¡eran los de Jade!, el gato miró profundamente al joven dio un salto y se perdió en la noche.
Alfredo no podía dormir la muerte de su abuela lo tenia tenso, pero sobre todo la carta que le dio la noche anterior, las líneas que había leído daban vueltas en su atormentada cabeza, al principio pensó que solo eran locuras de una anciana agonizante, ahora no sabía que creer...
...ten cuidado, a veces el demonio se nos presenta en formas tan seductoras que no podemos distinguirlo... las brujas hacen un pacto con el diablo mediante el cual adquieren muchos poderes, como la transformación, a cambio de su alma... suelen presentarse a los mortales como mujeres hermosas ya que nunca envejecen , pero por la noche rondan como gatos de la mas diabólica oscuridad, forma en la que pueden entrar en los sueños y robar el alma de sus víctimas...

Eran algunas partes de la carta que Alfredo tenía muy presentes pero sobre todo el último párrafo que sólo decía:
... pero por amor de Dios, ¡no cruces el espejo!...

Él suponía que ya no tuvo fuerzas para explicar a que se refería , en estos pensamientos estaba cuando aquel conocido aroma a café y canela una vez más lleno la habitación, automáticamente y sin saber por que se paró de la cama y se dirigió al viejo espejo de cuerpo entero que se encontraba en la esquina derecha del cuarto, su piel se erizo al ver en el la imagen desnuda de Jade que con señas le llamaba, el temeroso dio un paso, cuando ella salió del espejo y lo besó; un beso que pudo ser un instante o una eternidad en el que Alfredo sabía que debía alejarse de ahí pero algo en el no podía rechazar aquello de repente él se soltó bruscamente de ella dando un paso atrás, un viento azufrado la tragó hacia adentro del espejo y todo que parecía haberse detenido volvió a su normalidad , el tic tac del reloj , el vuelo de los mosquitos y el aullar del viento. Alfredo miró la ventana y con gran emoción descubrió un nuevo amanecer , creyó que ahora todo sería mejor el cuidaría al abuelo , y en tres días volvería a ala ciudad a su escuela a sus amigos y podría olvidarse de esta pesadilla , bajo corriendo las escaleras y su sangre se heló, la casa estaba en un completo estado de abandono como si nadie hubiese vivido ahí en años , salió a la calle y todo era extraño las calles estaban pavimentadas, los autos eran extraños , ¡en ese lugar no había autos! Sin comprender nada se acercó a un niño que jugaba con algo que parecía ser un casco de realidad virtual, - disculpa, sabes ¿en que año estamos y donde esta el señor Sánchez Sánchez? dueño de esa casa; señalando la hacienda semi derruida.
-¿Sánchez Sánchez? Preguntó extrañado el niño – dice mi abuelito que ahí vivió un señor que así se apellidaba , uno que se volvió loco después de que se murió su esposa y su nieto desapareció , algunos dicen que lo mató pero pues nunca le pudieron demostrar nada porque no encontraron el cadáver...
Alfredo no podía creer lo que escuchaba con un sudor frío que le recorría la espalda volvió a preguntar
-¿pues en que fecha estamos?
El niño no presto mayo interés a la pregunta del extraño, pero colocando su casco a modo de continuar el juego , secamente contesto:
-¿fecha?... en el infierno no existen fechas…




Chrys Sainos

6 comentarios:

  1. Mi querida Licenciada, siempre es un placer disfrutar de su escritura, no imagino la facilidad que tienes para manejar tan fielmente las palabras y las situaciones, de verdad te felicito.

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  2. Excelente post, no mames me encantó

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  3. mmm, el infierno, como que aun le falta a tu final, no se pero coo q no va el infierno (todo iba tannn bien...)

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  4. Muy buen relato, de verdad que me gusto mucho como manejas el suspenso...

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  5. muchas gracias :( no se quien eres , pero muchas gracias por leerme!!

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  6. BUENO, DESDE EL DIA QUE ME LO LEISTE QUEDE FASCINADA, ME ENCANTO ESTA HISTORIA, SUPER PADRE Y MISTERIOSA.
    UN BESO Q ESTES SUPER BIEN.

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